martes, 22 de julio de 2008

Informe Expositivo

FUENTE DE INFORMACIÓN


Prof.: Roberto Parra

Tema:

"INFORME EXPOSITIVO "



Elaboro:


IDALIA BARRÓN FLORES









INFORME
La televisión convencional se encuentra ante un modelo de negocio sumamente comprometido. Las cadenas públicas compiten en términos de igualdad con las cadenas privadas. Al menos en España, esta igualdad se debe entender en el sentido de actuar con la misma estrategia, pendientes de un solo objetivo: captar la máxima audiencia en todas las franjas horarias, de esto depende conseguir maximizar la relación entre ingresos y costes.
Puestos de acuerdo respecto a lo que son las misiones de la televisión convencional, también denominada generalista, se produce un texto audiovisual, prolongado a lo largo de toda la emisión, que no difiere sustancialmente de una cadena a la otra; aunque el público acceda aparentemente a lo que entiende como 'lo menos malo' mediante el mando a distancia, esta actuación selectiva queda comprometida porque no existen diferencias fundamentales entre una programación y la que ofrece la competencia.
La televisión generalista se configura como un instrumento de entretenimiento imprescindible en estas sociedades, con una dedicación que oscila entre las tres horas y media y las cuatro horas de recepción diaria, por cada individuo de más de 4 años, dependiendo del país y de las características socioeconómicas del sujeto; los consumidores más intensos son aquellos que más están en el hogar, niños, desocupados y personas de mayor edad, preocupando especialmente el papel de los niños socializados mediante esta niñera electrónica. La información misma resulta anecdótica dentro de una programación orientada exclusivamente a la venta; esta venta se dirige tanto al suministro informativo sobre productos concretos, como a la venta de una forma de vida determinada, que se refleja en la pantalla bajo formas concretas de representación. Además, la información televisual no difiere sustancialmente de estos presupuestos anteriores, puesto que vehicula un mensaje económico y un mensaje político que actúa como correlato de la actividad principal orientada al comercio.
En todo caso, esta actividad audiovisual se concentra sobre una dimensión realmente escasa para el ser humano, sea o no consciente de la misma, que no es otra que la dimensión temporal. La medida del tiempo, el gran logro del segundo milenio, caracteriza muy especialmente la actividad audiovisual. El tiempo determina el modo de producción empleado en la televisión, y también resulta importante desde el punto de vista de la comercialización de espacio publicitario. Pero en el seno de este intercambio desigual, en el que se ofrece algo a cambio de la aparente nada, se produce la vampirización de los tiempos de los espectadores: los medios audiovisuales absorben tiempos individuales, que logran capturar de la audiencia, y consiguen su transformación en un valor económico.
Para proporcionar otras alternativas audiovisuales a este 'supermercado del ocio vivencial', supuestamente gratuito, en el que se suministra información implícita y explícita sobre productos y formas de vida aceptables y correctas a cambio de monopolizar el tiempo libre de la audiencia, aparecen otras formas de comercialización de los productos televisivos mediante el pago por el usuario de los contenidos que recibe.
Tanto las empresas de televisión de pago directo, están atentas a nuevas formas de negocio que les permitan incorporar más ingresos y superar las dificultades cotidianas procedentes de la competencia. Estas observaciones resultan en parte coincidentes con las predicciones de la tecnología, que dibujaban un futuro mediático fuertemente convergente, en el que televisión y redes infotelemáticas iban a estar fuertemente imbricadas, probablemente incluso integradas en un mismo dispositivo en el espacio doméstico.
Por su parte, la digitalización de las emisiones de televisión terrestre sigue pendiente tanto del problema del coste de los receptores como de las dificultades técnicas planteadas por los emisores. La evolución del mercado no beneficia precisamente a los inversores en telecomunicaciones, que serían quienes deberían apoyar estas televisiones con cierta vocación de interactivas, y la falta de proyectos en los que se resuelva adecuadamente la ecuación audiencia-contenido-medio retrae nuevas experiencias, que se comienzan a entender como aventuras.
El Pronto Inicio de la Interactividad en la Televisión
Los principales estudios de medios de comunicación se llevan a cabo bajo la óptica occidental centrista, en las que se parte de modelos políticos basados en una democracia parlamentaria que tiene como correlato mediático la existencia de diferentes emisores que permiten la difusión, supuestamente plural, de diferentes ideas e ideologías políticas. En un entorno de monopolio informativo los procesos causa efectos deberían ser distintos.
Aunque ésta sea la situación probable en situaciones de monopolio televisivo, una herramienta en estos casos muy útil para la planificación social, ni siquiera en estos casos el espectador, o espectadora, es un ser irreflexivo, carente de inteligencia y aptitudes cognitivas, sino que elabora, reinterpreta y ajusta su recepción a sus intereses, opiniones y preconceptos; estas operaciones mentales se completan y corresponden con expresiones verbales, articuladas en contextos sociales, en los que la recepción grupal facilita estos intercambios. La posibilidad de seleccionar diferentes emisores, mediante el mando a distancia, produce una primera impresión de actividad motora, mínima en cuanto a extensión, pero no verbal, y que corresponde a operaciones mentales de discriminación, identificación, rechazo o aceptación de unos contenidos frente a otros. Ese texto audiovisual, descodificado por los públicos receptores, constituye una de sus principales referencias del mundo en su conjunto y del entorno cercano, constituyendo un instrumento de apropiación de la realidad que no se puede minusvalorar.
Una primera aproximación a la idea de interactividad sugiere algún tipo de flujo bidireccional de información regulado a partir de un conjunto de posibilidades establecido. En nuestro caso estamos ante un flujo técnicamente mediado que presenta diferentes niveles.
Los conceptos de televisión interactiva y televisión enriquecida son distintos. En el caso de la televisión interactiva se espera algún tipo de capacidad de respuesta del receptor hacia el emisor, de forma que éste pueda atender las solicitudes de sus receptores e incluso modificar e individualizar los contenidos que estos reciben. La televisión enriquecida ofrece la posibilidad de acceder a servicios o contenidos diversos, sin que exista línea de retorno hacia el emisor; éste sencillamente ofrece un bloque principal de contenidos explícitos, junto con otros secundarios, y el receptor elige los contenidos que le interesan en cada momento.
La tipología propuesta por Prado se basa en la idea fuerte de 'asimetría' presente en los flujos de la interacción. Efectivamente, los distintos grados de asimetría se corresponden con distintos grados de interactividad; se genera así un contínum en el que encontramos en un extremo el máximo de asimetría, donde casi no es posible la interacción, caso de la tv convencional, y en el extremo contrario, un mínimo de asimetría, que sugiere equidad en el intercambio, y una malla realmente amplia de posibilidades. Reduciremos a tres estos niveles y veremos los modelos más significativos. De estos, unos no son más que un tipo de televisión enriquecida, otros permiten una interacción débil y los últimos tienen vocación de mayor interactividad.
Una televisión enriquecida por excelencia es la que difunde junto a la emisión de sonidos e imágenes, contenidos alfanuméricos en las líneas de borrado del intervalo vertical, denominado teletexto, y sin necesidad de que la emisión sea digital. El teletexto resulta un modelo inicial para la televisión enriquecida porque nos ilustra la base sobre la que funcionan el resto de aplicaciones del mismo género: un bloque de información se envía junto con el resto de la emisión, quedando al cuidado del receptor utilizar o no esa información y navegar por ella para acceder a otros contenidos; el emisor no sabe qué información es consultada, por quienes, ni cuando; tampoco puede evaluar la calidad de la información ni los usos que los públicos hacen de esa información. Con los desarrollos posteriores del teletexto y el empleo de medios digitales de transmisión y recepción, este concepto ha podido mejorarse hasta proporcionar una información superpuesta a la imagen televisiva que permite navegaciones a través de menús accesibles a través del mando a distancia, todo ello sin que el receptor se comunique necesariamente con el emisor; de esta forma se puede acceder a datos sobre el contenido de la programación, agendas e información de tipo complementaria acerca de un género determinado.
En un plano intermedio se configuran ofertas televisivas con cierta interacción a partir de emisiones enriquecidas con opciones de retorno; mientras que unas veces ese retorno se hace a través teléfono, otras se aprovecha la misma conexión de cable del abonado, pero en general, la televisión interactiva de bajo nivel se desarrolla sobre un bloque de información bruta, enviada indiscriminadamente por el emisor, y algún sistema de elección que debe utilizar el público para acceder a determinados servicios, participar en un concurso o elegir algún contenido. Esa fórmula sí indica algo sustancial respecto a la anterior, y no es precisamente la interacción, sino la posibilidad de establecer transacciones comerciales fluidas, automáticas y seguras entre público y emisor.
Un tercer estadio, es en el que la interacción se propone como línea conductora de la actividad televisiva. Se trata de televisiones interactivas por definición o de emisoras convencionales con una componente interactiva importante para quienes puedan hacer uso de ella. Parten de un abanico de posibilidades para el receptor, de manera que no se envía toda la malla de contenidos y decisiones en un mismo bloque, sino que se puede acceder a diferentes niveles de la malla y elegir contenidos, establecer decisiones o realizar actividades de t-commerce, un término elegido para las transacciones comerciales a través de la TVi.
Una tecnología Inmadura
En la tecnología disponible existen cuatro aspectos relevantes en el interior de la televisión interactiva que afectan de diferentes maneras al público y al emisor; estos aspectos tecnológicos se refieren a la existencia de dispositivos específicos para recibir las emisiones de tvi, el uso de soportes informáticos empleados para presentar los contenidos, así como los periféricos que permiten la interacción; también, en el caso del emisor se deben considerar la capacidad técnica que le permite generar contenidos interactivos.
El percepto que tenemos de televisión enriquecida o interactiva se asocia a la existencia de un dispositivo específico que permite separar de la señal recibida, otras informaciones suministradas por el emisor, y en algunos casos, interactuar con esa plantilla de opciones. A este aparato, una caja que se coloca encima o debajo del televisor le corresponde el término set top box, al que se suele conocer en nuestro ámbito como 'la caja', o 'el descodificador'; en realidad, su importancia va más allá de su función instrumental puesto que juega un papel importante en las estrategias de los difusores.
Por lo pronto ya resulta posible integrar en un solo chip las funciones de una caja de mayor tamaño, con lo que la inclusión de este equipo en los propios televisores es cuestión de tiempo... y de otras decisiones no tan fáciles ni evidentes. Existen diferentes tipos de set top box y por diferentes razones no suelen ser compatibles entre sí; entre estas razones se encuentra la voluntad de fijar la audiencia captada por un determinado operador, en detrimento de su competencia: si con un mismo dispositivo es posible acceder a varios difusores, contratar con uno u otro es muy sencillo, mientras que no lo es tanto si esta operación se encuentra condicionada al cambio de equipos de recepción. Para el usuario, la existencia de descodificadores compatibles con todas las ofertas de televisión digital sería un objetivo que dejaría a salvo las opciones de pago por visión específicas de cada operador, mediante sistemas de acceso condicionado.
Respecto a los periféricos que permiten la interacción en la tvi existen diferentes propuestas que incorporan nuevas funciones al habitual mando a distancia. Pero el dispositivo final tampoco se encuentra totalmente definido; por una parte, la posibilidad de navegar en Internet, o gestionar el correo electrónico hace pensar en la necesidad de un teclado, pero éste puede ser para muchas personas, un instrumento disuasorio, por lo que
En los cuatro niveles tecnológicos mencionados existen tantos interrogantes como para no poder avanzar más que entre incertidumbres. Una manera de reducir la incertidumbre y poder desarrollar modelos de televisión interactiva que den mayor confianza a los usuarios, consiste en que se promuevan iniciativas de normalización; esto lo puede hacer tanto la administración competente en materia de telecomunicaciones como grupos de actores interesados en la tvi. Desde mediados de la década de los noventa, se han realizado diferentes movimientos de normalización; en Europa, existe consenso respecto a la transmisión de televisión digital y para la vía de retorno, mientras que se va generalizando en el grupo DVB (Digital Video Broadcasting) la idea de compatibilizar las distintas aplicaciones informáticas para tvi mediante las recomendaciones comunes derivadas del MHP (Multimedia Home Platform). Además del mercado europeo, las normas del consorcio DVB tienen presencia en Asia y también en Norteamérica, donde la posición del ATSC (Advanced Television System Committee) es dominante.
Si la tvi sale adelante lo hará debido a razones económicas. Y sobre esto la tvi tiene importantes posibilidades, retos y también dimensiones oscuras.
Entre las posibilidades destaca su presentación mítica como panacea publicitaria; esta idea descansa sobre dos aplicaciones que pueden desarrollarse en una tvi: la publicidad interactiva y la identificación individualizada del público objetivo. La publicidad interactiva supone activar un proceso comunicativo entre emisor publicitario y público en el que destaca el interés por ambas partes en el contenido del mensaje; esto significa estar en disposición de negociar con el público objetivo si desea recibir la publicidad o no, y si de hecho desea recibirla, ser capaz de proporcionar la información relevante acerca del producto, idea o servicio. Tanto la selección de los receptores, como la motivación por conocer, juegan a favor del anunciante, puesto que comunica a quién quiere recibir la comunicación, a la vez que, es el anunciante el que establece la malla de interacciones.
El hecho de identificar unívocamente al consumidor o receptor de un servicio con un destino en la red es una de las apetencias más claras de la publicidad; esto ocurre precisamente en un momento de hipersegmentación de los públicos, que conduce a que, en el caso de la publicidad televisiva, se encuentre en una etapa crítica, en la que se cuestiona su eficacia y se ofrece la saturación como respuesta que garantice cierto número de impactos. La traza del abonado se puede extender, no sólo a sus demandas explícitas al operador, sino que se puede asociar al conjunto de su comportamiento ante la televisión; aunque los estudios de mercado seguirán siendo necesarios, la posibilidad de recibir los datos desde el descodificador colocado en el hogar del abonado, o desde los registros de usuarios, al darse de alta en determinados sitios o servicios, van a constituir una fuente de datos importante para construir la oferta publicitaria y de contenidos. El pago por visión, de acontecimientos deportivos y películas cinematográficas ya es una fuente de ingresos en la televisión interactiva, y de compromisos, utilizada desde los comienzos de la televisión digital, así que no representa, en sí mismo, una novedad, salvo que tiene, en cuanto a estos contenidos, un valor estratégico derivado de la posesión de sus derechos en un mercado concreto, lo que limita seriamente las posibilidades de la competencia.
La producción de contenidos interactivos supone un nuevo reto para las empresas productoras y para los difusores que tienen algún tipo de integración en ese ámbito audiovisual.
En primer lugar supone un cambio importante en la ideación de programas, en la construcción de guiones, en los modos de producción y en las estrategias de comercialización.
La presencia de contenidos interactivos en un programa de televisión obliga a un tipo diferente de preparación y disposición mental para quienes deben idear programas interactivos y construir sus guiones. Hasta ahora, la construcción del texto audiovisual ha contado con la linealidad de la narración impuesta por un segmento temporal con principio y fin como referente más común. También se modifican los modos de producción, en los que toma un valor nuevo la inserción de contenidos interactivos; existen actividades 'puente', que permiten acomodar las capacidades adquiridas previamente a las nuevas exigencias, como las propias de los procesos que se aproximan a las técnicas de postproducción, como la edición no lineal, bastante frecuente en la actualidad en televisión, cine, publicidad y vídeo. La piedra angular de todos estos desarrollos personales y técnicos se encuentra en la posibilidad de resolver las dudas de viabilidad económica de la televisión interactiva.




Bibliografía

Titulo: La Digitalización de UtopíasDesarrollos Y Retos de la Televisión Interactiva

Dirección:http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n35/jpestano.html
Autor: José Manuel Pestano RodríguezPrograma de Medios Audiovisuales,
Consejería de Educación, Cultura y Deportes, Canarias, España
Fecha:15/07/2008